¿Cómo eliminar la Legionella? Guía para el tratamiento

La Legionella es una bacteria que puede proliferar en instalaciones de agua si se dan determinadas condiciones y suponer un riesgo importante para la salud. Saber cómo eliminar la legionella es fundamental, pero lo es aún más entender por qué, en muchos casos, vuelve a aparecer si no se controla la instalación de forma adecuada.
En esta guía te explicamos cómo eliminar la legionella del agua, qué tratamientos se utilizan y por qué la monitorización se ha convertido en una pieza clave en la prevención moderna.
¿Por qué es importante eliminar la Legionella?
La Legionella se transmite por la inhalación de aerosoles de agua contaminada, como los que se generan en duchas, torres de refrigeración, spas o sistemas de riego. Cuando la bacteria coloniza una instalación, el riesgo sanitario es real y la responsabilidad recae directamente sobre el titular de la misma.
Además, uno de los errores más habituales es pensar que, tras un tratamiento, el problema queda resuelto. En la práctica, muchas instalaciones vuelven a presentar riesgo debido a cambios de temperatura, fallos en la desinfección o periodos de bajo uso. Por eso, hoy en día no basta con actuar cuando aparece un positivo: es necesario vigilar las condiciones que permiten que la Legionella se desarrolle.
¿Dónde puede aparecer la Legionella?
La Legionella no surge de forma espontánea, sino que aprovecha entornos favorables. El estancamiento del agua, temperaturas templadas y la presencia de incrustaciones o biocapa crean el escenario perfecto para su proliferación. Por este motivo, es especialmente frecuente en sistemas de agua caliente sanitaria, torres de refrigeración, instalaciones con recirculación y puntos de uso poco frecuentes.
Cuanto más compleja es la instalación, mayor es la dificultad para asegurar que todas las condiciones se mantienen dentro de los valores seguros si no existe un control continuado.
¿Cómo eliminar la Legionella del agua?
Eliminar la legionella no es una acción puntual, sino un proceso que combina limpieza, desinfección y control. Los tratamientos más utilizados actúan directamente sobre la bacteria, pero su eficacia depende de cómo se apliquen y de lo que ocurra después.
1. Tratamiento térmico
El tratamiento térmico consiste en elevar la temperatura del agua hasta niveles que resultan letales para la bacteria. Es una técnica eficaz como medida correctiva, especialmente en sistemas de agua caliente sanitaria. Sin embargo, su éxito depende de que el calor alcance realmente todos los puntos de la instalación y durante el tiempo necesario.
En instalaciones extensas o con tramos poco usados, esto no siempre es fácil de garantizar. Si no se verifica que las temperaturas adecuadas se alcanzan de forma homogénea, el tratamiento puede quedarse corto y permitir que la bacteria vuelva a colonizar la red.
2. Tratamiento químico con biocidas
El uso de biocidas es uno de los métodos más habituales para eliminar la legionella del agua. Productos como el cloro o el dióxido de cloro permiten mantener la instalación desinfectada siempre que se utilicen correctamente.
El problema aparece cuando no se controlan de forma constante variables como la concentración del desinfectante o el pH. Pequeñas desviaciones pueden hacer que el tratamiento pierda eficacia sin que nadie lo detecte a tiempo, dejando vía libre a la recolonización de la bacteria.
3. Limpieza y desinfección: una combinación inseparable
Cualquier tratamiento, térmico o químico, debe ir precedido de una limpieza adecuada. La biocapa y los depósitos de suciedad protegen a la Legionella y reducen la eficacia de la desinfección. Por eso, limpiar sin desinfectar —o desinfectar sin limpiar— es uno de los errores más frecuentes y uno de los motivos por los que el problema reaparece.
El papel clave de la monitorización
En los últimos años, el enfoque frente a la Legionella ha cambiado. Ya no se trata solo de intervenir cuando aparece un resultado positivo, sino de controlar de forma continua las condiciones de la instalación.
La monitorización permite saber, en cada momento, si la temperatura del agua se mantiene dentro de los rangos seguros, si el nivel de desinfectante es el adecuado o si existen periodos prolongados de estancamiento. Gracias a este seguimiento, es posible detectar desviaciones antes de que se conviertan en un riesgo sanitario y actuar de forma preventiva, no reactiva.
Este enfoque es especialmente importante en instalaciones grandes o de uso colectivo, donde una pequeña variación puede pasar desapercibida durante semanas si no se mide de forma sistemática.
Prevención: la clave para evitar la reaparición
Eliminar la legionella una vez no es suficiente. La normativa establece la obligación de implantar un Plan de Prevención y Control de Legionella (PPCL) o un Plan Sanitario frente a Legionella (PSL).
· Estos planes incluyen:
· Control de temperaturas.
· Programas de limpieza y desinfección periódicos.
· Muestreos y análisis de agua.
· Registro documental de todas las actuaciones.
Dentro de estos planes, la monitorización periódica o continua de los parámetros críticos desempeña un papel fundamental, ya que permite comprobar el cumplimiento de las condiciones higiénico-sanitarias y actuar de forma inmediata ante cualquier desviación.
Errores habituales al intentar eliminar la Legionella
· Aplicar biocidas sin limpiar previamente la instalación.
· No controlar temperaturas ni concentraciones de desinfectante.
· Actuar solo cuando aparece un resultado positivo.
· No documentar ni verificar las actuaciones realizadas.
Conclusión
Eliminar la legionella del agua no consiste únicamente en aplicar un tratamiento cuando aparece un positivo. La gestión eficaz del riesgo pasa por entender cómo se comporta la instalación a lo largo del tiempo y por combinar limpieza, desinfección y monitorización.
Este enfoque preventivo, basado en el control constante de los parámetros críticos, es hoy la forma más segura de reducir el riesgo, evitar recurrencias y garantizar la protección de la salud de las personas.

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