¿Qué están empezando a pedir las Universidades en sus licitaciones de prevención de Legionella?

Una universidad no es solo un edificio.

Es un campus.

A veces, varios.

Son facultades, laboratorios, instalaciones deportivas, residencias, bibliotecas, edificios administrativos, centros de investigación y cientos de puntos donde el agua forma parte del día a día.

Y detrás de cada uno de ellos hay personas.

Estudiantes.

Profesores.

Investigadores.

Personal administrativo.

Personal de mantenimiento.

Visitantes.

Por eso, cuando hablamos de prevención de Legionella en universidades, no estamos hablando únicamente de cumplir con una serie de controles.

Estamos hablando de algo mucho más importante:

Cuidar de las personas que utilizan esas instalaciones cada día.

Y aquí aparece una tendencia que creemos que merece la pena observar.

En los últimos meses, grandes universidades han seguido sacando contratos específicos para la prevención y el control de la legionelosis, con servicios que abarcan numerosos edificios y campus.

Primero vimos a la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM).

Ahora, la Universidad de Valladolid (UVA) vuelve a poner el foco sobre este tipo de servicios.

Y hay algo que nos parece especialmente interesante:

La monitorización empieza a dejar de ser una posibilidad tecnológica para convertirse en una herramienta que puede formar parte de la gestión de estas instalaciones, de hecho lo piden en el pliego!

Monitorización de Legionella en universidades y control remoto de instalaciones

Una universidad puede tener muchas instalaciones. El riesgo no está en un único edificio.

Este es probablemente el primer problema al que se enfrenta una universidad.

No tiene una única instalación.
Puede tener decenas de edificios repartidos por diferentes campus y ciudades.

La UCLM, por ejemplo, ha estructurado su servicio de prevención y control de Legionella para sus campus de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo, con cuatro lotes territoriales y un contrato inicial de 24 meses.

El presupuesto de licitación fue de aproximadamente 798.000 euros sin IVA y el valor estimado alcanzó más de 1,67 millones de euros.

Ahora la Universidad de Valladolid ha sacado un nuevo contrato para la prevención y control de la legionelosis de sus diferentes centros y edificios y los de la Fundación Universidad de Valladolid.

También está dividido en cuatro lotes:

Valladolid, Palencia, Segovia y Soria.

El contrato tiene un presupuesto base de más de 323.000 euros sin IVA y un valor estimado superior a 808.000 euros.

Y esto nos lleva a una pregunta sencilla.

¿Tiene sentido gestionar decenas de instalaciones como si solo existiera una?

El reto no es solamente medir. Es saber dónde, cuándo y qué está ocurriendo…

Cuanto mayor es una organización, más fácil es que la prevención termine convirtiéndose en una enorme cantidad de pequeñas tareas.

Temperaturas.

Puntos terminales.

Acumuladores.

Retornos.

Depósitos.

Circuitos.

Parámetros del agua.

Purgas.

Registros.

Analíticas.

Incidencias.

Y cada instalación tiene sus propias características.

Una universidad puede tener un edificio con un pequeño sistema de ACS y, unos cientos de metros más allá, otro edificio con varios acumuladores, numerosos puntos terminales y una instalación mucho más compleja.

Por eso, el verdadero reto no es simplemente disponer de un procedimiento.

Es conseguir que toda esa información sea fiable, accesible y trazable.

¿Y si parte de esa información se generara automáticamente?

Aquí es donde empieza a cambiar la conversación.

En la licitación de la UCLM, el propio pliego contemplaba la posibilidad de utilizar sistemas automáticos de monitorización o realizar las mediciones manualmente, manteniendo los datos dentro del sistema de gestión del mantenimiento.

A nuestro juicio, este detalle es mucho más importante de lo que parece.

Porque significa que, en determinados servicios de gran tamaño, la tecnología ya no tiene por qué quedarse fuera de la ecuación.

Una universidad puede plantearse:

¿Qué datos necesitamos?

¿Con qué frecuencia?

¿Quién los recoge?

¿Cómo quedan registrados?

¿Qué ocurre si un parámetro se desvía?

¿Quién recibe la alerta?

¿Cómo consultamos el histórico?

Y, sobre todo:

¿Tiene sentido que una persona tenga que desplazarse físicamente para recoger cada uno de esos datos?

Una cosa es controlar, otra es cuidar.

Puede parecer una diferencia semántica.

No lo es.

Controlar una temperatura es necesario.

Registrar un valor es necesario.

Realizar una analítica es necesario.

Pero detrás de cada una de esas acciones existe un objetivo mucho más importante:

reducir un riesgo para las personas.

Ese es el motivo por el que tiene sentido invertir en prevención.

Una ducha de una residencia universitaria no es solamente una ducha.

Un vestuario de una instalación deportiva universitaria no es solamente un vestuario.

Una instalación de ACS de una facultad no es solamente un conjunto de tuberías.

Son instalaciones que utilizan las personas.

Y precisamente por eso, cuanto mejor podamos conocer su comportamiento, mejor podremos gestionar aquello que realmente importa.

La monitorización no sustituye al profesional

Aquí hay algo que queremos dejar claro.

La monitorización remota no sustituye a la empresa especializada.

No sustituye al responsable técnico.

No sustituye las analíticas.

No sustituye las revisiones.

Y tampoco significa que todo pueda automatizarse.

La tecnología hace otra cosa:

proporciona información continua para que el profesional pueda tomar mejores decisiones.

Imaginemos un acumulador de ACS.

Un técnico puede comprobar hoy su temperatura.

El dato es correcto.

Perfecto.

Pero una monitorización continua permite conocer cómo se ha comportado durante las horas anteriores y consultar su histórico cuando sea necesario.

Eso permite pasar de:

“La temperatura estaba bien cuando fui.”

a:

“Sabemos cómo se ha comportado durante los últimos días.”

Y esa diferencia puede ser especialmente relevante cuando hablamos de instalaciones repartidas por diferentes edificios.

Del campus al cuadro de mando, nuestra plataforma de gestion de datos.

Aquí está una de las grandes diferencias.

Una medición manual nos proporciona un dato.

La monitorización permite observar una evolución.

Pongamos un ejemplo.

Un técnico comprueba hoy la temperatura de un acumulador.

El valor es correcto.

Perfecto.

Pero ¿qué ocurrió ayer?

¿Y durante la noche?

¿Hubo alguna caída puntual?

¿La temperatura volvió a recuperarse?

¿Ha sucedido varias veces?

Con un registro manual, responder algunas de esas preguntas puede ser complicado.

Con monitorización, podemos disponer de un histórico y consultar cómo ha evolucionado el parámetro.

Y eso cambia la forma de trabajar.

Porque pasamos de:

“Hoy estaba bien.”

a:

“Sabemos cómo se ha comportado durante los últimos días.”Aquí aparece uno de los mayores beneficios de la monitorización remota.

La universidad no necesita únicamente recoger datos.

Necesita gestionarlos.

Una solución de monitorización permite centralizar la información de diferentes puntos e instalaciones para consultar históricos, recibir alertas y realizar seguimiento.

En lugar de tener información repartida entre hojas de control, registros y diferentes visitas:

una parte de la información puede estar disponible desde un mismo entorno.

Y esto adquiere todavía más sentido cuando hablamos de una organización multisede.

Porque el responsable no puede estar físicamente en todos los edificios al mismo tiempo.

¿Qué puede monitorizar una universidad?

No existe una instalación universitaria estándar.

Y esa es precisamente la razón por la que la solución debe adaptarse a cada caso.

Cuando el punto a controlar es la temperatura, VEO permite registrar automáticamente este parámetro.

Si necesitamos un seguimiento más frecuente y varios puntos de medición, JUCAR permite trabajar con hasta tres sondas y realizar registros minutales.

Cuando existen determinadas necesidades de purga, CABRIEL permite programar purgas, registrar el caudal expulsado y monitorizar temperatura.

Para determinados ramales muertos, SELLENT permite registrar y programar automáticamente purgas.

Y cuando necesitamos trabajar con diferentes parámetros del agua, SERPIS dispone de configuraciones para monitorización continua de temperatura, cloro, pH y turbidez, además de opciones de automatización de purgas.

No todas las universidades necesitan todos estos sistemas.

Y eso es precisamente lo importante.

Primero hay que entender la instalación.

Después identificar qué necesitamos controlar.

Y finalmente decidir qué merece la pena monitorizar.

La verdadera oportunidad está en las instalaciones multisede.

Aquí creemos que está uno de los grandes cambios.

Cuando tienes una instalación, puedes pensar en una tarea.

Cuando tienes diez edificios, empiezas a pensar en una organización.

Cuando tienes varios campus, necesitas pensar en un sistema.

La monitorización remota permite precisamente dar ese salto.

No consiste en evitar que un técnico visite una instalación.

Consiste en que, cuando ese técnico llegue, pueda hacerlo con mucha más información.

Saber qué puntos requieren atención.

Consultar históricos.

Revisar incidencias.

Comprobar desviaciones.

Y dedicar su tiempo a aquello que realmente requiere intervención.

Menos tiempo recopilando información y más tiempo gestionando la instalación.

La prevención también es una cuestión de tranquilidad

Existe otro aspecto que no aparece en una tabla económica.

La tranquilidad.

La de quien gestiona una universidad y sabe que sus instalaciones están siendo supervisadas.

La del responsable técnico que dispone de información para revisar lo ocurrido.

La del equipo de mantenimiento que no tiene que depender exclusivamente de registros manuales.

Y, sobre todo, la de las personas que utilizan esos edificios cada día.

Porque detrás de cada dato hay una razón para medirlo.

Y detrás de cada control hay alguien a quien estamos intentando proteger.

Las nuevas licitaciones nos están dejando una señal

No creemos que la tendencia sea que todas las universidades vayan a instalar monitorización remota mañana.

Tampoco que la tecnología sustituya el modelo tradicional de prevención.

Pero sí vemos una señal.

Los grandes contratos de prevención de Legionella están gestionando cada vez instalaciones más complejas, distribuidas y difíciles de supervisar de forma convencional.

La UCLM ya ha demostrado que un pliego puede contemplar sistemas automáticos de monitorización junto a las mediciones manuales.

Y ahora la UVA vuelve a sacar a concurso un servicio de gran dimensión, distribuido en cuatro campus y con una parte importante de su valoración vinculada a aspectos técnicos y mejoras del servicio, además de la oferta económica.

Quizá todavía no estemos ante una revolución.

Pero sí ante una evolución clara.

Nuestra reflexión…

Cuando hablamos de monitorización de Legionella en universidades, es fácil pensar primero en sensores, plataformas, datos y tecnología.

Pero la tecnología no es el objetivo.

El objetivo es otro.

Prevenir.

Controlar.

Detectar.

Actuar.

Y, por encima de todo, cuidar a las personas.

Porque una universidad no es una colección de edificios.

Son miles de personas utilizando esos edificios cada día.

Por eso creemos que la pregunta para las universidades no debería ser únicamente:

“¿Cómo vamos a controlar la Legionella?”

Sino también:

“¿Cómo podemos hacerlo mejor, con más información y sin depender de que alguien tenga que estar físicamente en cada instalación para saber qué está ocurriendo?”

Ahí es donde la monitorización remota empieza a tener sentido.

Y ahí es donde Kenso quiere estar.

André Abalo l Dirección comercial Kenso Solutions.

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